Categoría: Denuncia

  • La guerra silenciosa contra los Yaquis

    La guerra silenciosa contra los Yaquis

    Desde hace más de cinco siglos, los pueblos yaquis han resistido la colonización, el despojo territorial y la explotación de sus recursos. Hoy, esa resistencia sigue más viva que nunca, pero en un entorno cada vez más hostil y violento.

    La tribu yaqui, compuesta por ocho pueblos asentados en el sur de Sonora, habita un territorio privilegiado en biodiversidad: con costas, sierra, valles agrícolas y un río —el Yaqui— que es su corazón espiritual, cultural y económico. Sin embargo, esta riqueza natural se ha convertido en su mayor amenaza.

    En los últimos 15 años, los yaquis han luchado contra la imposición de megaproyectos como el Acueducto Independencia, que ha desviado millones de metros cúbicos de agua desde su río hacia la ciudad de Hermosillo.

    También han resistido la instalación del Gasoducto Sonora, impulsado por empresas transnacionales como IEnova, sin consulta previa ni consentimiento.

    Todo esto, en medio del avance constante de concesiones mineras —al menos 25 activas— que operan en su territorio con respaldo estatal.

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    Durante siglos, los Yaquis han defendido su territorio

    Pero la defensa del territorio tiene un precio. El 14 de julio, diez yaquis, entre ellos siete integrantes de la guardia tradicional de Loma de Bácum, fueron víctimas de desaparición forzada.

    No ha habido rescates, llamadas ni demandas de rescate. Solo silencio. La fiscalía del estado apenas ha iniciado investigaciones y sigue sin abrir una línea sobre la posible participación de las empresas extractivas.

    Esta no es una tragedia aislada. En mayo fue asesinado Tomás Rojo Valencia, exlíder yaqui que encabezó la lucha contra el Acueducto Independencia.

    En junio, asesinaron a balazos a Luis Urbano, defensor del territorio, tras salir de un banco, y en los últimos dos años, personas no identificadas desaparecieron a más de 20 jóvenes de Vícam sin que las autoridades den respuestas.

    La presencia del crimen organizado es una realidad, pero líderes yaquis y organizaciones señalan que también hay violencia orquestada desde intereses empresariales.

    “La psicosis es parte de la estrategia para que abandonemos nuestras tierras”, afirma Guadalupe Flores Maldonado, vocero de Loma de Bácum.

    Desde hace más de cinco siglos, los pueblos yaquis han resistido la colonización, el despojo territorial y la explotación de sus recursos. Hoy, esa resistencia sigue más viva que nunca, pero en un entorno cada vez más hostil y violento.

    A todo esto se suma la pobreza. El 95 % de la tierra yaqui está rentada a grandes empresas agroindustriales.

    Sin acceso a crédito, apoyo estatal o autonomía económica, muchas comunidades se ven obligadas a entregar sus tierras por una renta mínima.

    Mientras el gobierno promete desviar el gasoducto, la violencia no da tregua. Ni las promesas ni las carpetas de investigación alcanzan para devolverles a sus desaparecidos.

    En Denuncia Verde creemos que el caso yaqui debe estar en el centro del debate ambiental y de derechos humanos en México.

    La defensa del territorio no puede seguir pagándose con vidas. Si el Estado mexicano no actúa con firmeza, los intereses extractivos seguirán dictando el destino de pueblos enteros.

  • Parque Estatal Flor del Bosque:  en la mira del negocio inmobiliario

    Parque Estatal Flor del Bosque: en la mira del negocio inmobiliario

    Desarrolladores inmobiliarios, con respaldo político, amenazan hoy 42 hectáreas del Parque Estatal Flor del Bosque, ubicado en el municipio de Amozoc, al mantenerlas en un limbo jurídico para su posible aprovechamiento.

    Este caso no es aislado. Forma parte de un patrón de devastación ambiental que se repite en distintos puntos del estado.

    Mientras Flor del Bosque se fragmenta, en Atlixco el proyecto inmobiliario Cola de Lagarto avanza prácticamente dentro del Área Natural Protegida del Tentzo, una región que abarca 13 municipios de la mixteca poblana.

    En ambos territorios existe una alta biodiversidad, así como especies endémicas cuya supervivencia depende de la conservación de estos ecosistemas.

    Tala ilegal inunda el mercado de la madera en México: un negocio que destruye bosques y comunidades

    Defender el Parque Estatal Flor del Bosque es defender el derecho a la salud, al agua y a una ciudad habitable.

    Para entender la gravedad del problema, basta observar el contexto nacional.

    De acuerdo con la FAO, los bosques albergan más del 80% de las especies animales y vegetales del planeta y son fundamentales para la captación de agua y la mitigación del cambio climático.

    Sin embargo, México pierde alrededor de 500 mil hectáreas de bosques y selvas cada año, lo que lo coloca entre los países con mayor deforestación a nivel mundial.

    En Puebla, esta tendencia es evidente. Tan solo en 2018 se perdieron cerca de 70 mil hectáreas de cobertura forestal, como resultado de la tala ilegal, los incendios y el cambio de uso de suelo.

    Uno de los factores más determinantes es el crecimiento desordenado de la mancha urbana, impulsado por decisiones tomadas en contubernio con autoridades municipales.

    Además, esta expansión urbana tiene un impacto directo en la calidad de vida.

    Mientras la OMS recomienda entre nueve y 12 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, la ciudad de Puebla apenas alcanza 2.8.

    Esta carencia convierte a los bosques periurbanos en espacios estratégicos para la salud pública.

    Flor del Bosque no solo es un pulmón verde, sino también un sitio con una profunda historia de conservación ambiental.

    Su defensa representa hoy un llamado urgente a frenar la mercantilización del territorio y a garantizar su protección definitiva.

    Defender el bosque es, al mismo tiempo, defender el derecho a una ciudad habitable.

  • Tala ilegal inunda el mercado de la madera en México: un negocio que destruye bosques y comunidades

    Tala ilegal inunda el mercado de la madera en México: un negocio que destruye bosques y comunidades

    La tala ilegal es el oscuro motor que impulsa gran parte del mercado de la madera en México, donde se estima que al menos la mitad de la madera comercializada proviene de fuentes ilícitas.

    Este fenómeno no solo amenaza la integridad de los bosques nacionales, sino que también golpea a las comunidades forestales que intentan producir madera legalmente y de manera sostenible, enfrentando la impunidad, la corrupción y una burocracia excesiva que favorecen a los grupos del crimen organizado.

    Un ejemplo claro ocurre en la costa norte de Jalisco, donde árboles como la parota —conocida por su madera semipreciosa— son derribados sin permisos oficiales, mientras el verdadero control lo ejercen líderes locales ligados al crimen, como “don Guty”.

    La tala ilegal no solo elimina ejemplares valiosos, sino que ha diezmado maderas duras como la caoba pacífica, el granadillo y el tampicirán, especies muy demandadas en mercados internacionales, especialmente en China.

    Esta realidad se replica en regiones de todo México, desde el sur hasta el norte.

    La tala clandestina y el asesinato de ambientalistas ponen en jaque a la mariposa monarca

    La tala ilegal representa un negocio anual de miles de millones de pesos

    El crimen organizado no es el único actor; comunidades enteras también participan en la tala clandestina, aprovechando la falta de políticas públicas efectivas para promover la silvicultura sustentable.

    De acuerdo con expertos, los productores legales luchan por competir en un mercado inundado de madera ilegal que no cumple con regulaciones ni paga impuestos ni costos de manejo ambiental.

    Los datos oficiales muestran que el 76 % de la madera legalmente producida proviene de bosques comunitarios.

    Pero para satisfacer la demanda nacional, México importa gran volumen de madera y no contabiliza el consumo ilegal.

    Esto evidencia la magnitud del problema: la tala ilegal representa un negocio anual de miles de millones de pesos, que no solo afecta el medio ambiente.

    También destruye la economía y la organización social de las comunidades forestales.

    En estados como Jalisco, Guerrero, Puebla y Chiapas, la tala ilegal está vinculada con grupos criminales que imponen “cuotas” para permitir el saqueo.

    La tala ilegal es el oscuro motor que impulsa gran parte del mercado de la madera en México, donde se estima que al menos la mitad de la madera comercializada proviene de fuentes ilícitas.

    Mientras las autoridades ambientales muestran una preocupante permisividad.

    La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), encargada de combatir esta práctica, ha reducido sus incautaciones y enfrenta filtraciones internas, lo que perpetúa la impunidad.

    Expertos y organizaciones civiles coinciden en que la solución pasa por fortalecer a las comunidades forestales.

    Además, producir madera legal en México implica un proceso burocrático complejo y costoso que puede tardar hasta dos años, lo que desalienta a las comunidades.

    La competencia desleal de la madera ilegal, que no paga trámites ni impuestos, devalúa el precio y mina la viabilidad económica de los proyectos sustentables.

    Solo un pequeño porcentaje de ejidos y comunidades logra operar legalmente, y muchos han abandonado sus esfuerzos tras enfrentarse a la violencia y la corrupción.

    La falta de regulación efectiva también se refleja en la industria maderera, donde la falsificación de guías y permisos facilita el blanqueo de madera ilegal.

    Las propuestas para implementar sistemas voluntarios de certificación de legalidad y trazabilidad han sido frenadas por intereses económicos que temen la sobrerregulación.

    Expertos y organizaciones civiles coinciden en que la solución pasa por fortalecer a las comunidades forestales.

    Simplificar trámites, impulsar políticas públicas con presupuesto suficiente y garantizar una vigilancia efectiva y transparente.

    Solo así será posible frenar el avance de la tala ilegal, proteger los bosques y asegurar un mercado justo que beneficie tanto al medio ambiente como a las personas que dependen de él.

    Mientras la tala ilegal continúa su avance, los ecosistemas se destruyen, los derechos de las comunidades se vulneran y el Estado permanece ausente o permisivo.

    En un país con una riqueza forestal invaluable, la urgencia de actuar con responsabilidad y firmeza es una deuda que tenemos con las futuras generaciones.


    ¿Quieres saber más o ayudar a denunciar estos casos? En Denuncia Verde seguimos investigando y llevando evidencia para exigir rendición de cuentas y justicia ambiental.

  • Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero

    Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero

    En la zona norte de Puebla, el ejido Cruz de Ocote representa un ejemplo contundente de que es posible vivir del bosque sin destruirlo.

    Desde hace 27 años, 70 ejidatarios han organizado un modelo de silvicultura comunitaria que no solo garantiza ingresos económicos, sino que protege una de las principales fuentes de agua, biodiversidad y captura de carbono de la región.

    Hoy, ese equilibrio está amenazado por concesiones mineras otorgadas sin consulta previa.

    México, un peligro para quienes quieren proteger el medio ambiente

    Cruz de Ocote representa un ejemplo contundente de que es posible vivir del bosque sin destruirlo.

    El bosque de pinos y encinos de Cruz de Ocote, con una extensión de 800 hectáreas, es hogar de especies como la chara coroniazul, coyotes, zorras y armadillos.

    Pero también es el sustento directo de decenas de familias que, con asesoría técnica, realizan una tala selectiva y responsable: reforestan, abren brechas cortafuego, vigilan para evitar incendios y prohíben la cacería.

    No hay tala clandestina. Hay reglas comunitarias claras y sanciones para quien las incumpla.

    Este modelo, reconocido incluso con certificaciones de manejo forestal, demuestra que la conservación no es un obstáculo para el desarrollo, sino su base.

    Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero
    En 2015, ejidos y pueblos de Ixtacamaxtitlán interpusieron un amparo que logró suspender temporalmente las concesiones.

    Sin embargo, dos concesiones mineras otorgadas a la empresa canadiense Almaden Minerals —a través de su filial Minera Gorrión— cubren gran parte del territorio del ejido y de comunidades vecinas.

    El objetivo: la extracción de oro y plata mediante minería a cielo abierto.

    Las comunidades se enteraron años después de que las concesiones ya estaban otorgadas.

    No hubo consulta previa, libre e informada, pese a que el proyecto pone en riesgo el agua, el suelo y la vida comunitaria.

    En México, más del 40% de los núcleos agrarios tienen concesiones mineras en su territorio

    En 2015, ejidos y pueblos de Ixtacamaxtitlán interpusieron un amparo que logró suspender temporalmente las concesiones. El proceso legal sigue abierto.

    Mientras la empresa asegura que no habrá afectaciones ambientales ni uso intensivo de agua, la experiencia en otros territorios mineros del país contradice ese discurso.

    Además, organizaciones civiles han documentado presiones y ofrecimientos de empleo a comunidades para destrabar procesos legales, una práctica que profundiza la división social.

    El caso de Cruz de Ocote no es aislado. En México, más del 40% de los núcleos agrarios tienen concesiones mineras en su territorio, muchas veces superpuestas a bosques y selvas comunitarias. La pregunta es clara: ¿qué modelo de desarrollo se está priorizando?

    Desde este espacio de denuncia ambiental, señalamos una realidad incómoda pero urgente: los bosques vivos, manejados por sus comunidades, generan beneficios reales y sostenibles.

    Defenderlos no es un capricho; es defender el agua, el clima y el futuro. Cruz de Ocote lo tiene claro: los árboles valen más que el oro.

  • México, un peligro para quienes quieren proteger el medio ambiente

    México, un peligro para quienes quieren proteger el medio ambiente

    En México, proteger el medio ambiente se ha convertido en un acto de valentía… y en muchos casos, en una sentencia de muerte.

    En los últimos cinco sexenios, al menos 147 defensores ambientales han sido asesinados, víctimas de una creciente violencia estructural alimentada por intereses económicos, megaproyectos extractivistas y la complicidad —o indiferencia— del Estado.

    Detrás de estas cifras hay historias de personas que dieron su vida por defender ríos, bosques y territorios comunales.

    En la mayoría de los casos, se oponían a proyectos que prometían “desarrollo”, pero que dejaban a su paso despojo, contaminación y desplazamiento.

    Sus nombres tal vez no aparecieron en las primeras planas, pero sus causas siguen vivas en las comunidades que resistieron junto a ellos.

    La tala clandestina y el asesinato de ambientalistas ponen en jaque a la mariposa monarca

    El peligro de proteger el medio ambiente en México

    México forma parte de un patrón global alarmante. Según el informe de Global WitnessLatinoamérica es la región más peligrosa del mundo para quienes defienden el ambiente.

    En 2018, nuestro país ocupó el sexto lugar global en asesinatos de defensores. Además de las muertes, se registraron 440 ataques en distintas formas: amenazas, detenciones ilegales, criminalización, allanamientos y hostigamiento judicial.

    Este escenario refleja un conflicto estructural: la colisión entre el modelo económico neoliberal y los derechos humanos.

    Desde la firma del TLCAN y el ingreso a la OCDE, las políticas mexicanas han favorecido un clima “ideal” para la inversión extranjera, muchas veces a costa del entorno natural y de las comunidades que lo habitan.

    Los asesinatos no ocurren al azar. Surgen en contextos de más de 500 conflictos socioambientales activos en el país.

    Latinoamérica es la región más peligrosa del mundo para quienes buscan proteger el medio ambiente, México ocupa el sexto lugar global.

    Las causas más comunes: tala ilegal, despojo de tierras, minería, megaproyectos energéticos e hídricos. Estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Veracruz se han convertido en puntos rojos de esta violencia ambiental.

    Las estadísticas muestran que 134 de las víctimas fueron hombres y 13 mujeres, aunque esta cifra no refleja el papel fundamental que desempeñan las mujeres en la defensa del territorio.

    Muchas son campesinas e indígenas que, además de enfrentar la amenaza del despojo, luchan contra la discriminación estructural por su género, clase y etnia.

    ¿Verdadero cambio de rumbo?

    Durante los sexenios de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, la cantidad de asesinatos se incrementó progresivamente.

    Con López Obrador, el discurso cambió, pero la violencia no ha cesado: 18 defensores han sido asesinados desde 2018.

    La continuidad de megaproyectos como el Tren Maya o el Corredor Interoceánico ha dejado claro que el “progreso” sigue viéndose como incompatible con los derechos ambientales y territoriales.

    Los defensores ambientales no sólo enfrentan a empresas y criminales; también padecen la inacción o represión de las autoridades.

    La impunidad impera: la mayoría de estos crímenes nunca se investiga a fondo, y mucho menos se sanciona. El mensaje es claro: en México, defender la vida puede costarte la tuya.

    Desde Denuncia Verde, alzamos la voz por quienes ya no pueden hacerlo. Documentamos, señalamos y exigimos: ¡basta de criminalizar la defensa ambiental! El derecho a un ambiente sano es también el derecho a vivir sin miedo.

  • Talamontes destruyen el bosque Izta-Popo: la impunidad que arrasa con la naturaleza

    Talamontes destruyen el bosque Izta-Popo: la impunidad que arrasa con la naturaleza

    En la región de Izta-Popo, un pulmón vital de Puebla, la tala ilegal y excesiva está acabando con el bosque.

    Pobladores de San Rafael Ixtapalucan llevan más de una década denunciando esta devastación. Sin embargo, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) insiste en que no hay delito que perseguir.

    En mayo pasado, se confirmó con imágenes satelitales cómo grandes extensiones del cerro en Santa Rita Tlahuapan fueron taladas sin control.

    La tala clandestina continua en el bosque Izta-Popo

    Los habitantes están alarmados: árboles de más de 40 metros de altura han sido derribados, y sólo queda un árbol “torcido y pequeño” porque no les sirvió a los talamontes.

    Lo más indignante es que los taladores no cortan los pinos que las autoridades “marcan”, pues suelen seleccionar sólo los árboles útiles para ellos.

    Los pobladores aseguran que esto es un contubernio, donde los árboles señalados no son los grandes ni derechos, sino los que no interesan.

    En 2017, la Comisión Nacional Forestal (Conafor), Profepa y Nestlé firmaron un convenio millonario para conservar y restaurar mil 665 hectáreas en Izta-Popo.

    Se esperaba que este proyecto beneficiara a las comunidades locales con reforestación, vigilancia y combate a incendios.

    Grupo Posadas, bajo la lupa por daño a tortugas marinas en Chemuyil

    Pero la realidad es otra: la tala clandestina sigue, y las denuncias quedan en el olvido. Mientras tanto, el mercado ilegal de madera mueve entre 10,000 y 15,000 millones de dólares al año a nivel mundial, generando ganancias millonarias para los talamontes.

    La ley contempla penas de hasta 9 años de prisión y multas, pero no es suficiente para frenar la pérdida de cinco mil hectáreas anuales de bosque, lo que podría destruir Izta-Popo en 20 años o menos.

    En Denuncia Verde exigimos justicia ambiental y que las autoridades actúen con responsabilidad para proteger este ecosistema vital antes de que sea demasiado tarde.

  • Grupo Posadas, bajo la lupa por daño a tortugas marinas en Chemuyil

    Grupo Posadas, bajo la lupa por daño a tortugas marinas en Chemuyil

    En una de las playas más importantes para la anidación de tortugas marinas en México, el Grupo Posadas —a través de su filial Promotora Ecotur SA de CV— está construyendo un hotel que pone en riesgo directo a esta especie en peligro de extinción.

    Así lo denunció Aracely Domínguez, presidenta del Grupo Ecologista del Mayab (Gema), quien documentó cómo varias tortugas han caído en una zanja de 50 metros de largo y cuatro de profundidad.

    La cual fue cavada por maquinaria pesada junto a la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat) en Chemuyil, Quintana Roo.

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    El hotel se construye justo en plena temporada de arribo de tortugas marinas

    Las imágenes y reportes sobre tortugas atrapadas en este barranco han generado alarma entre activistas ambientales.

    Organizaciones como Gema, Defenders of Wildlife México y Teyeliz han exigido a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) que investigue a fondo.

    Detenga de forma precautoria la obra y sancione, si corresponde, a Grupo Posadas, incluyendo la posible revocación de la autorización del proyecto.

    A pesar de que la Manifestación de Impacto Ambiental presentada por la empresa aseguraba que la zona no era apta para el desove, la realidad contradice esa afirmación.

    El hotel se construye justo en plena temporada de arribo de tortugas marinas, alterando su comportamiento natural, interrumpiendo el desove y provocando daños físicos al caer en la zanja.

    Domínguez también denunció omisiones de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), señalando que la dependencia aprobó el proyecto pese a las evidencias de impacto negativo.

    En Denuncia Verde, hacemos un llamado a la rendición de cuentas y a la protección efectiva de nuestras especies y ecosistemas. Las tortugas marinas no pueden esperar.

  • Deforestación en Brasil: el engranaje oculto entre pastos, soya y especulación de tierras

    Deforestación en Brasil: el engranaje oculto entre pastos, soya y especulación de tierras

    La deforestación en Brasil no es un fenómeno aislado ni producto de una sola actividad.

    Detrás de la pérdida acelerada de bosques existe un complejo entramado entre la ganadería, la expansión agrícola y la especulación de tierras.

    Una reciente investigación del Departamento de Ciencias Geográficas de la Universidad de Maryland revela que entre 2000 y 2014 la superficie destinada a cultivos en hileras en Brasil casi se duplicó, al pasar de 26 millones a 46.5 millones de hectáreas, un crecimiento que ha tenido profundas consecuencias ambientales.

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    El estudio, basado en un análisis avanzado de teledetección con imágenes satelitales de Landsat y otros sistemas, muestra que solo el 20 por ciento de los nuevos campos de cultivo surgieron por la conversión directa de vegetación nativa.

    El 80 por ciento restante provino de un proceso en dos etapas: primero se talan los bosques para establecer pastos ganaderos y, posteriormente, esas tierras se transforman en cultivos, principalmente de soya.

    Este mecanismo revela que, aunque la agricultura no siempre aparece como la causa directa de la deforestación, sí está estrechamente ligada a ella.

    Expertos coinciden en que Brasil no necesita seguir deforestando para aumentar su producción agrícola.

    Lejos de ser una solución, este modelo ha fomentado la especulación. Investigadores como Vivian Ribeiro, del Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonía (IPAM), advierten que muchos terrenos se deforestan con fines especulativos: se convierten en pastos de manera temporal y luego se venden a precios inflados a productores agrícolas.

    Casos como el del estado de Bahía, donde el 15 por ciento de la vegetación nativa deforestada para pastos se transformó en cultivos en menos de cinco años, refuerzan esta hipótesis.

    La preocupación aumenta ante el debilitamiento de las políticas ambientales.

    Durante la campaña y la llegada al poder de Jair Bolsonaro, los índices de deforestación del Amazonas repuntaron de forma alarmante, impulsados por la percepción de impunidad entre especuladores y acaparadores de tierras.

    Aunque la Moratoria de la Soya logró reducir la deforestación directa en la Amazonía entre 2006 y 2013, la presión se desplazó hacia el Cerrado, donde las regulaciones son más laxas y la conversión de vegetación nativa es hasta 2.5 veces mayor.

    Expertos coinciden en que Brasil no necesita seguir deforestando para aumentar su producción agrícola.

    Intensificar el uso de tierras ya degradadas y mejorar la productividad ganadera podría reducir la presión sobre los ecosistemas.

    De lo contrario, la combinación de especulación, demanda global de soya y debilitamiento institucional seguirá alimentando una de las crisis ambientales más graves del planeta.

    En Denuncia Verde, advertimos: sin controles firmes y datos transparentes, la deforestación continuará avanzando, silenciosa pero implacable.