En Maxcanú, Yucatán, la deforestación del paisaje es evidente. Hace una década, la selva tropical cubría la zona con un manto verde, pero hoy las granjas porcícolas, los caminos y las zonas de extracción de tierra roja están reemplazándola.
En el corazón de esta región, la Alianza Maya por las Abejas Kaabnalo’on ha documentado la pérdida de al menos 200 hectáreas de selva, sólo en el ejido de Chactún.
Este cambio de uso de suelo, impulsado en parte por la expansión de megaproyectos como el Tren Maya, afecta directamente a la apicultura, una actividad tradicional de las comunidades mayas.
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“Hay menos abejas, menos floración, y eso significa menos miel”, explica uno de los apicultores de la Alianza.
La afectación no solo es ecológica: se pone en riesgo una fuente de sustento económico y cultural para más de 700 familias apicultoras.
Aunque la Alianza Maya por las Abejas Kaabnalo’on presentó denuncias ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) desde 2021, las autoridades han logrado pocos avances.
Ademas de la deforestación por el Tren Maya, los campesinos se enfrentan a otros problemas como la extracción de tierra roja para construcción y la venta de terrenos para desarrollos inmobiliarios
Se han colocado sellos de clausura en algunas granjas, pero estas continúan operando de forma irregular.
Además, algunos denunciantes han recibido amenazas, lo que genera un clima de miedo e impunidad en la región.
Greenpeace documentó en 2020 la instalación de 257 granjas porcícolas en el sureste del país, de las cuales 222 se encuentran en Yucatán.
Estas granjas han contribuido a la pérdida de casi 11 mil hectáreas de selva maya y, en algunos casos, se ubican dentro de Áreas Naturales Protegidas.
Maxcanú no es un caso aislado. Municipios como Opichén, Uman y Halachó también enfrentan un avance agresivo del desmonte.

La extracción de tierra roja para construcción y la venta de terrenos para desarrollos inmobiliarios se suman al problema.
La Alianza Kaabnalo’on exige no solo la clausura efectiva de las zonas deforestadas, sino también medidas de restauración y protección ecológica.
“El ecosistema está herido, pero aún puede salvarse”, concluye David Linares, asesor jurídico de la organización.
En este contexto, desde Denuncia Verde creemos que cuidar el ambiente no es solo una tarea de las autoridades, es una lucha por la vida, la cultura y la biodiversidad de un territorio que ha sostenido a los pueblos mayas por generaciones.












