El secuestro de Miguel Ángel De la Torre Loranca expone la violencia contra defensores ambientales en México

El secuestro del biólogo Miguel Ángel De la Torre Loranca en la Sierra de Zongolica, Veracruz, vuelve a evidenciar los riesgos que enfrentan científicos y ambientalistas en México.

Desde su desaparición, luego de que hombres armados lo interceptaron, familiares, colegas y comunidades no tienen noticias de su paradero y su preocupación crece.

De la Torre ha dedicado su vida al estudio y conservación de la biodiversidad en esta región montañosa.

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La desaparición de Miguel Ángel De la Torre Loranca no es un hecho aislado.

Como herpetólogo, participó en el descubrimiento de especies como la serpiente Geophis lorancai, nombrada en su honor, y el lagarto Abronia zongolica.

Su trabajo también incluyó investigaciones sobre hábitats de reptiles en el sureste del país, fundamentales para su protección.

Más allá de la ciencia, impulsó proyectos educativos y comunitarios. Fue clave en el desarrollo del Instituto Tecnológico Superior de Zongolica, ampliando oportunidades para jóvenes, y creó junto a su familia “Herping Zongolica”, una iniciativa de ecoturismo y educación ambiental reconocida a nivel estatal.

Hoy, estas actividades están detenidas, afectando también el sustento de su familia.

El caso ha estado marcado por la falta de avances en la investigación. Sus familiares denuncian escaso apoyo institucional, ausencia de resultados y un clima de miedo que impide la movilización social en la región.

A ello se suma la violencia local, evidenciada por el asesinato de un líder indígena días después del secuestro.

La desaparición de De la Torre no es un hecho aislado. En los últimos años, varios científicos y defensores ambientales han sido víctimas de ataques y asesinatos en el país, especialmente en zonas donde la biodiversidad convive con contextos de inseguridad.

Mientras tanto, su familia y la comunidad científica mantienen la exigencia: que las autoridades refuercen su búsqueda y que el caso no quede impune. También hacen un llamado a sus captores para que lo liberen con vida.

El caso refleja una realidad alarmante: en México, proteger la naturaleza puede convertirse en una actividad de alto riesgo.