En un hecho que ha generado indignación entre activistas y habitantes de Puerto Vallarta, una empresa ha comenzado a promocionar en redes sociales servicios de “revelación de género” en la zona natural protegida de Los Arcos de Mismaloya.
La actividad consiste en abordar un yate frente a estas icónicas formaciones rocosas y detonar explosivos que emiten un fuerte estruendo, acompañado de polvos de colores, según el sexo del futuro bebé.
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Aunque estas celebraciones se han popularizado en redes sociales como parte de una nueva moda, realizarlas en un área ecológica representa un peligro real para la biodiversidad del lugar.
Los Arcos de Mismaloya, declarados zona natural protegida desde 1986, son hogar de especies como tortugas marinas, delfines, aves costeras, cocodrilos, peces multicolores e incluso ballenas.
Cualquier alteración al ecosistema, por mínima que parezca, puede causar daños irreversibles.
Playón de Mismaloya es el santuario de tortugas marinas más grande del país.
Activistas han señalado que la detonación de explosivos y la posible dispersión de sustancias químicas con los polvos de colores pueden perturbar a las aves que anidan en las formaciones, así como contaminar las aguas en las que habitan numerosas especies marinas.
Además, la actividad se promociona sin regulaciones ni permisos visibles, ignorando las recomendaciones ambientales y el estatus legal de la zona.
No es la primera vez que una revelación de género desata polémica.
En 2022, en Brasil, una cascada fue teñida de azul durante una celebración similar, generando críticas internacionales por la contaminación del agua y el daño ambiental provocado.
En Puerto Vallarta, grupos ciudadanos ya patrullan la zona para concientizar sobre la importancia de cuidar este santuario natural.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ha documentado la presencia de más de 150 especies de aves costeras y destaca que el Playón de Mismaloya es el santuario de tortugas marinas más grande del país.
Desde Denuncia Verde, hacemos un llamado urgente a las autoridades ambientales para que investiguen y sancionen este tipo de actividades que, bajo el disfraz de celebraciones privadas, vulneran áreas naturales protegidas. El espectáculo no debe estar por encima de la vida silvestre.
