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  • Parque Estatal Flor del Bosque:  en la mira del negocio inmobiliario

    Parque Estatal Flor del Bosque: en la mira del negocio inmobiliario

    Desarrolladores inmobiliarios, con respaldo político, amenazan hoy 42 hectáreas del Parque Estatal Flor del Bosque, ubicado en el municipio de Amozoc, al mantenerlas en un limbo jurídico para su posible aprovechamiento.

    Este caso no es aislado. Forma parte de un patrón de devastación ambiental que se repite en distintos puntos del estado.

    Mientras Flor del Bosque se fragmenta, en Atlixco el proyecto inmobiliario Cola de Lagarto avanza prácticamente dentro del Área Natural Protegida del Tentzo, una región que abarca 13 municipios de la mixteca poblana.

    En ambos territorios existe una alta biodiversidad, así como especies endémicas cuya supervivencia depende de la conservación de estos ecosistemas.

    Tala ilegal inunda el mercado de la madera en México: un negocio que destruye bosques y comunidades

    Defender el Parque Estatal Flor del Bosque es defender el derecho a la salud, al agua y a una ciudad habitable.

    Para entender la gravedad del problema, basta observar el contexto nacional.

    De acuerdo con la FAO, los bosques albergan más del 80% de las especies animales y vegetales del planeta y son fundamentales para la captación de agua y la mitigación del cambio climático.

    Sin embargo, México pierde alrededor de 500 mil hectáreas de bosques y selvas cada año, lo que lo coloca entre los países con mayor deforestación a nivel mundial.

    En Puebla, esta tendencia es evidente. Tan solo en 2018 se perdieron cerca de 70 mil hectáreas de cobertura forestal, como resultado de la tala ilegal, los incendios y el cambio de uso de suelo.

    Uno de los factores más determinantes es el crecimiento desordenado de la mancha urbana, impulsado por decisiones tomadas en contubernio con autoridades municipales.

    Además, esta expansión urbana tiene un impacto directo en la calidad de vida.

    Mientras la OMS recomienda entre nueve y 12 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, la ciudad de Puebla apenas alcanza 2.8.

    Esta carencia convierte a los bosques periurbanos en espacios estratégicos para la salud pública.

    Flor del Bosque no solo es un pulmón verde, sino también un sitio con una profunda historia de conservación ambiental.

    Su defensa representa hoy un llamado urgente a frenar la mercantilización del territorio y a garantizar su protección definitiva.

    Defender el bosque es, al mismo tiempo, defender el derecho a una ciudad habitable.

  • Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero

    Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero

    En la zona norte de Puebla, el ejido Cruz de Ocote representa un ejemplo contundente de que es posible vivir del bosque sin destruirlo.

    Desde hace 27 años, 70 ejidatarios han organizado un modelo de silvicultura comunitaria que no solo garantiza ingresos económicos, sino que protege una de las principales fuentes de agua, biodiversidad y captura de carbono de la región.

    Hoy, ese equilibrio está amenazado por concesiones mineras otorgadas sin consulta previa.

    México, un peligro para quienes quieren proteger el medio ambiente

    Cruz de Ocote representa un ejemplo contundente de que es posible vivir del bosque sin destruirlo.

    El bosque de pinos y encinos de Cruz de Ocote, con una extensión de 800 hectáreas, es hogar de especies como la chara coroniazul, coyotes, zorras y armadillos.

    Pero también es el sustento directo de decenas de familias que, con asesoría técnica, realizan una tala selectiva y responsable: reforestan, abren brechas cortafuego, vigilan para evitar incendios y prohíben la cacería.

    No hay tala clandestina. Hay reglas comunitarias claras y sanciones para quien las incumpla.

    Este modelo, reconocido incluso con certificaciones de manejo forestal, demuestra que la conservación no es un obstáculo para el desarrollo, sino su base.

    Defender el bosque para defender la vida: Cruz de Ocote frente al avance minero
    En 2015, ejidos y pueblos de Ixtacamaxtitlán interpusieron un amparo que logró suspender temporalmente las concesiones.

    Sin embargo, dos concesiones mineras otorgadas a la empresa canadiense Almaden Minerals —a través de su filial Minera Gorrión— cubren gran parte del territorio del ejido y de comunidades vecinas.

    El objetivo: la extracción de oro y plata mediante minería a cielo abierto.

    Las comunidades se enteraron años después de que las concesiones ya estaban otorgadas.

    No hubo consulta previa, libre e informada, pese a que el proyecto pone en riesgo el agua, el suelo y la vida comunitaria.

    En México, más del 40% de los núcleos agrarios tienen concesiones mineras en su territorio

    En 2015, ejidos y pueblos de Ixtacamaxtitlán interpusieron un amparo que logró suspender temporalmente las concesiones. El proceso legal sigue abierto.

    Mientras la empresa asegura que no habrá afectaciones ambientales ni uso intensivo de agua, la experiencia en otros territorios mineros del país contradice ese discurso.

    Además, organizaciones civiles han documentado presiones y ofrecimientos de empleo a comunidades para destrabar procesos legales, una práctica que profundiza la división social.

    El caso de Cruz de Ocote no es aislado. En México, más del 40% de los núcleos agrarios tienen concesiones mineras en su territorio, muchas veces superpuestas a bosques y selvas comunitarias. La pregunta es clara: ¿qué modelo de desarrollo se está priorizando?

    Desde este espacio de denuncia ambiental, señalamos una realidad incómoda pero urgente: los bosques vivos, manejados por sus comunidades, generan beneficios reales y sostenibles.

    Defenderlos no es un capricho; es defender el agua, el clima y el futuro. Cruz de Ocote lo tiene claro: los árboles valen más que el oro.