El Estero de Urías, uno de los humedales más ricos en biodiversidad de México, enfrenta una crisis ambiental sin precedentes.
Este ecosistema, hogar de más de 73 especies de aves acuáticas y múltiples peces, moluscos, reptiles y anfibios, se ha convertido en un vertedero de residuos urbanos y microplásticos.
Estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) colocan sus niveles de contaminación por microplásticos entre los más altos del mundo.
La situación se agrava por la falta de drenaje y alcantarillado en comunidades cercanas, como la Isla de la Piedra, donde cientos de viviendas descargan aguas residuales directamente a los manglares.
Además, el estero recibe las descargas de cuatro de las cinco plantas de tratamiento de Mazatlán, que no eliminan completamente los contaminantes.
Plásticos, llantas, refrigeradores y residuos domésticos se acumulan en sus 873 hectáreas de manglar rojo, negro y blanco.
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Expertos aseguran que la recuperación del Estero de Urías aún es posible.
En 2011, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) anunció un ambicioso proyecto de saneamiento del sistema estuarino Urías, con 110 acciones divididas en cinco retos y una inversión estimada de 300 millones de pesos.
La iniciativa prometía recuperar el estero y mejorar la calidad del agua, pero nunca se implementó.
Solicitudes de información a las autoridades locales y federales no arrojaron resultados: el proyecto quedó en papel.
El impacto de esta contaminación es tangible. Investigaciones revelan microplásticos en el estómago de peces que consumen los pescadores ribereños y en los sedimentos del estero, con fibras sintéticas de ropa y restos de polietileno como los más frecuentes.
Esto afecta la salud de la fauna y representa un riesgo latente para la población que consume estos recursos.
El abandono institucional ha fomentado la percepción de que el estero es un lugar sucio y sin valor.
Sin embargo, acciones comunitarias intentan revertir este daño. Organizaciones como Viva la Ola y Maz ConCiencia realizan limpiezas masivas y colocan barreras flotantes para contener la basura.
También se promueven programas educativos y de reforestación de manglares con estudiantes locales.
Expertos aseguran que la recuperación del Estero de Urías aún es posible.
La clave está en detener las descargas contaminantes y mejorar la gestión de residuos sólidos urbanos.

Mientras tanto, la comunidad académica, pescadores y organizaciones continúan la lucha, esperando que las autoridades asuman su responsabilidad.
Si no se actúa, este humedal podría perderse de manera irreversible. Pero con coordinación, conciencia y políticas públicas efectivas, el Estero de Urías aún puede volver a ser un refugio de vida y biodiversidad en Mazatlán.
